LA HORA MÁS QUIETA




El lugar estaba oscuro, la luz penetraba amenazante a través del hueco de la cueva,lastimando la negrura inmóvil. Recostado sobre una roca, tan quieto como la noche, observaba.
Sentía que la hora había llegado, no tenía miedo, esperaba... la esperaba.
Estaba solo y se preparó para recibirla, desnudo.
Como cuando llegó al mundo.

HOMENAJE A MARTA RIVOLTA




Miles de pájaros agitaron sus alas
Aquel día en que el sol decidió ser vos.
Recuerda tu madre el misterio
Tardabas en nacer.
Aplazabas el tiempo.

Regresaste porque si.
Ibas buscando altares de libertad y cuando
Viste tantas ideas muertas,
Olvidaron el porque, dijiste y
Lanzaste un aullido salvaje.
Todavía no es tiempo de verdades.
Radiante volviste a tu enigma de eternidad.

Gaciela Martellotto

IGUAZU




Permití que las gotas recorrieran mi cuerpo. Cerré los ojos y dejé que su música me ensordeciera.
Caminé descalza sobre la tierra roja, abrí los brazos y, desde la espesura, la selva me contó sus secretos. Uno de ellos, el más sagrado, lo traje en mi bolsillo. Lo rescaté de entre los helicópteros y las cámaras de los Japoneses. Estaba escrito sobre la hoja de un árbol:
-“Tantas lágrimas jamás lograrán lavar tanta sangre.”-

Graciela Martellotto

DEL TRO LADO




Los veo entremedio de cristales gomosos, puedo escuchar sus pensamientos, son líneas entremezcladas con figuras geométricas que me dicen lo que dicen desde adentro.
Estoy en viaje. Parto de esta nada y ya descubro el color del vacío riguroso, luz exuberante que me llama, que me invita, irresistible…

Graciela Martellott

LA COCINA DE BARBARITA





Acababa de despertarse. Con algunos quejidos la anciana se sentó en la cama, tanteó los anteojos y al abrir el cajón de su mesita de luz, encontró aquella pequeña muñeca de plástico duro, que alguna vez tuvo labios rojos y ojos negros.
Acarició con los dedos temblorosos el sombrerito y el vestido de pana verde, que abrieron una tranquera de recuerdos apretujados unos con otros para ser los primes.
Así fue como llegó aquel momento de los juguetes que no sobrevivieron al desorden, pensar que sólo quedó esa…la primera muñeca que le regaló su abuela cuando cumplió un año.
Las historias de la abuela Barbarita ganaron espacio y comenzó a relatar:
-¿Te acordás Chelita cuando se pegaron las lentejas en el techo de la cocina? ¡Claro! Era la primera olla a presión.
Tal vez ya te lo he contado, pero cuando yo era joven y tu madre empezaba a noviar con tu padre, yo los espiaba y una noche que tardaron en llegar apagué las luces y me quedé muy quieta debajo de la ventana.- Le contaba Barbarita muerta de risa.
-¿Y sabés que pasó Chelita? Viste que en la estancia de noche sólo se oye el canto de algún pájaro, pero no, yo escuché voces en el aparador y fijate que los platos le decían a las tazas que la vida de ellas era más sencilla, porque cargaban solamente líquidos calentitos en invierno y en verano se usaban poco. En cambio ellos estaban hartos de soportar huesos grasientos y no te cuento lo que decían…
¡De las sopas! ¡De los guisos! ¡De los pucheros!
Buen Chelita, me tengo que ir pero nos veremos pronto.-
La ventana se oscureció y cuando la anciana Chelita abrió los ojos pesadamente, se encontró con los de su nieta llena de lágrimas y un molesto sonido de sirenas aturdía en el veloz bamboleo de la ambulancia.
Tomándola fuerte de la mano le dijo:
No tengo mucho para darte, solamente esta muñeca que me acompañó toda mi vida y la risa, niña, nunca pierdas el buen humor que los llevas en los genes.
No dejes de sonrei…-

Graciela Martellotto

INSONDABLE





En el desierto del silencio,
Se veían las huellas
De la nada.
El se preguntó
-¿Cuál es el secreto?-
-¿Es que ya no existo?-
Allí entre la arena,
Pudo descubrirlo.
Estaban secos,
La rosa y el jazmín.
Sobre la aurora quedó
Un perfume nuevo,
Entre dos.
Y el tiempo supo
El misterio del AMOR.

DESDE MI JARDÍN





Hacía mucho tiempo que la esperaba, todo el huerto estaba en un soplo de tristeza constante.
La violetas preguntaban:
-¿Cómo será ese momento?-
Los musgos mantuvieron su silencio hasta que olvidaron la voz.
Los guijarros se cansaron de tropezar unos con otros para evolucionar.
Los arroyos sollozaban y yo los oía en el hueco de las piedras.
Muchas veces las abejas callaron, agudizaban la atención…
La libélulas morían cada día sin perder la esperanza.
Hasta aquel amanecer en que se corrieron las brumas de la sombras. Entonces fui feliz y todo cambió, la vi llegar en su caballo, una vez más la belleza de la mujer llenó de sonido nuestras vidas.
¡El ser humano regresó! Ahora puedo relatar esta historia.

“PAN- DIOS DE LA NATURALEZA.”