
Desde aquella altura podía ver el paisaje iluminado por la luna, no escuchaba sonidos, no soplaba el viento.
Casi en un murmullo comencé a pronunciar mi nombre, fui elevando la voz hasta convertirlo en un grito.
Cuando miré hacia abajo, vi todo tan lejos...
Grité una vez más y me desdibujé entre las estrellas.