UN PERFUME VACIO




Todavía las tardes regalaban una sinfonía de rojos. Pero aquella vez había un aroma raro que se escondía detrás del perfume de la madreselva, invasora de la pirca.
¿Era un olor o un sonido?
Sólo lo supe cuando lo distinguí en el valle. Tenía el pecho hundido y se movía lento.
Al mirarme supe que algo le pasaba, no era el mismo.
Se me metió en la memoria para decirme que no me olvide nunca de sus relinchos salvajes, de sus crines peleando con el viento, de sus ausencias…
Y hasta hubo un -¡Por favor!-
Cuando regresé a la casa me enteré de que lo habían tenido que capar porque era un petizo y arruinaba las crías de los vecinos.